La bola de cristal

Hay gente que no lo sabe pero cuando a los orientadores nos dan la credencial para ocupar nuestro puesto de trabajo, nos dan también una bola de cristal con la que podemos predecir el futuro de algunas personas.

Hace unos días se compartía en redes un artículo del portal de educación de la Junta de Andalucía del que quiero entresacar este párrafo sobre la escolarización en centros CEE:
“para proponer esta modalidad de escolarización será preciso valorar que, debido al escaso desarrollo de las habilidades adaptativas (autonomía personal, habilidades sociales…) del alumno o alumna, no es posible su adaptación e integración social en un centro escolar ordinario, y que por tanto, las medidas educativas previas, propias de las modalidades anteriores, no han dado o no van a dar (en el caso de nueva escolarización) respuesta a sus necesidades y no favorecen su desarrollo”.
No se podría proponer sin la bola, ¿o no?

Una madre está sufriendo con mucha angustia ese proceso de valoración, al que están sometiendo a su hijo para determinar su futuro. Y, justamente el mismo día que leía el artículo, ella me preguntaba si podía darle información, la información que no le han dado, la informacion que no se ha atrevido a pedir, para saber qué está pasando, qué puede hacer y cómo responder ante todo ello. No saber qué están haciendo con su hijo, por qué, ni para qué, añade angustia a este proceso ya de por sí estresante.
Cuando me da cierta información intuyo que están tratando de averiguar si tiene las habilidades suficientes para adaptarse con aprovechamiento a la siguiente etapa educativa. Ahí está la bola en acción.

Al tratar de explicarle qué están haciendo y por qué le pasan esas pruebas me hice consciente de que trataba de explicar lo que es inexplicable:

Conducta adaptativa. ¿Tiene habilidades para desenvolverse en su día a día en las diferentes áreas y contextos? Adaptarse a las distintas situaciones y exigencias del entorno.
Determinar si otra persona puede desenvolverse o no en su día a día.
¿Qué significa desenvolverse?, ¿en qué? ¿Lo que diga el cuestionario de turno?
Nadie debería tener que demostrarlo. Nadie debería pretender ni necesitar averiguarlo, y mucho menos a través de un frío cuestionario estandarizado, Estandarizado!!! Horroroso!!!
Tú sí, tú no.

Y ¿tú? y ¿yo?, ¿podemos tomar este “poder” y tener en nuestras manos el futuro de otra persona?.

¿Realmente creemos que se puede decidir por otra persona qué es lo mejor para ella? En serio ¿podemos apelar al “bien superior del alumnado” (palabras textuales), es decir, pasar por alto la opinión del propio alumno y de su familia?.
Por encima de todo. Por encima de todo!!

Son fechas de hacernos propósitos para el nuevo año, el mío ya lo he decidido: tiro la bola de cristal, aunque me la den con la credencial.

M José G Corell.

Hago de orientadora



Publicado en Facebook 20/12/2017

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10204215333860221&id=1733512924

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King Kong muere en sístole


Me contaron una anécdota que pasó en un hospital.

Durante una guardia, un grupo de profesionales de la medicina, vieron la película King Kong. Al finalizar la película alguien dijo:

– Uyyyyy, qué raro!.

El resto le preguntaron a qué se refería, a lo que respondió:

– Que King Kong muere en sístole.

Recordé esta anécdota hace unos días mientras hablaba con un niño. Se pueden aprender muchas cosas hablando con un alumno de primaria.

Me explicó lo que estaban estudiando en las distintas materias y supo explicarme qué contenidos trataban últimamente en cada una de ellas.

El niño está angustiado por las notas que saca en los exámenes. En esas situaciones se pone nervioso y se bloquea, en cambio a mí me explicó muchas cosas, algunas que yo no sabía y otras que había olvidado.

Fue entonces cuando recordé la anécdota de la guardia del hospital y se me ocurrió comparar el conocimiento con una película. Le expliqué que aunque veamos la misma película, y, aunque lo hagamos dos personas al mismo tiempo, seguro que al salir contaremos cosas diferentes, porque nuestras experiencias, intereses y conocimientos previos son distintos. Si a mí me gustan las plantas, por ejemplo, me habré fijado en esa kentia que estaba en tal escena, que tú ni siquiera viste; en cambio tú, que te interesas por la pintura, te habrás fijado en el cuadro de tal autor que había en esa oficina.

Nadie tiene por qué saber lo mismo que otra persona; que lo que sepa cada cual estará bien y sea lo que sea también, y no tiene por qué saber más (por mejor), ni menos.

Pues igual ocurre con el conocimiento y con el aprendizaje: nadie tiene por qué saber lo mismo que otra persona; que lo que sepa cada cual estará bien y sea lo que sea también, y no tiene por qué saber más (por mejor), ni menos. Cada persona es diferente y desarrollará unas habilidades únicas con lo que va aprendiendo a lo largo de la vida.

No recuerdo exactamente que más le dije. Fue algo parecido a esto: Cada persona es única. Tú eres especial porque eres único y no hay nadie más en el mundo como tú. Se echó a llorar diciendo “qué cosas más bonitas dices de mí”.

Digo cosas bonitas de él porque me parece un “bonico”, me parece una gran persona, una persona maravillosa que tiene mucho que aportar y que es lamentable que para el sistema educativo sea una nota que no refleja en absoluto quién es él, (ni quien es nadie) ni dentro de la escuela, ni fuera de ella.

Es lamentable que para el sistema educativo sea una nota que no refleja en absoluto quién es él

¿Por qué yo me puedo permitir no saber contestar esas preguntas de esos exámenes que, por otra parte están tan alejados de los intereses, de las necesidades, y, en definitiva, de la vida, y a ellos y ellas les exigimos que sepan esos conocimientos que incluso llegan a ser una tortura para muchos?

Deberíamos fijarnos en cómo se construyen como personas, en qué valores transmitimos, en cómo estamos enseñando a convivir, en el respeto mutuo, en la ayuda que nos prestamos, en cómo favorecer el máximo desarrollo. Deberíamos centrarnos en otro tipo de aprendizajes, aprendizajes con sentido. Aprendizajes diferentes para cada cual porque cada cual también es diferente en muchos aspectos.

¿Quién de nosotros se fijó, al ver la película, en que King Kong moría en sístole?

La inmensa mayoría no nos hemos fijado en esa información, es un conocimiento “irrelevante” y sin sentido para nosotros, en el que no reparamos por desconocimiento, pero tampoco lo hacen personas con una formación muy próxima a la de esa persona para la que esa información sí que resulta significativa.

¿Quién va a saber que es imposible morir en sístole? Solamente una persona especialista en cardiología.

Cada persona tiene unas necesidades, unos intereses. Deberíamos responder a ellos y personalizar la enseñanza de tal manera que ofrecieramos conocimientos relevantes para nuestro alumnado, ahora, para su vida presente y no sólo pensando que le servirá en el futuro: cuando llegue a primaria, cuando vaya al instituto, cuando… promesas de futuro… Nos estamos olvidando de su presente, de su vida ahora y, en muchos casos, de su sufrimiento actual.

No puede ser que el valor de una persona se mida con una “nota”.

Publicado en Facebook el 8 de marzo de 2018:

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10204574605441786&id=1733512924

M. José G. Corell

Orientadora educativa

Sobre plantas y esquejes

Me gustan mucho las plantas, creo que esta afición me la transmitió mi abuela paterna con la que iba a buscar tierra buena y abono, las  trasplantábamos, lo que más le gustaba a ella era reproducirlas. Nunca compró una planta, “no tenemos para pan, compraremos abanicos” era una frase que se usaba en mí familia: no podíamos gastar en “caprichos”. Sus amigas y vecinas le daban esquejes y semillas y siempre tenía un jardín bonito y florido.

Ahora tengo algunas plantas, me gusta cuidarlas y también suelo reproducirlas.

Hay que observarlas y conocer las características de cada una.

Una planta, como todo el mundo sabemos, es un ser vivo y con más sensibilidad de la que creemos. Pero a lo que iba es a que, como ser vivo, tiene unas necesidades que no son las mismas según cada planta y cada especie. Al igual que las personas todas son diferentes y con necesidades también diferentes. Algunas plantas necesitan mucho sol, en cambio otras necesitan una luz más tamizada e incluso un lugar oscuro. La clase de tierra tampoco es la misma según cada planta, algunas necesitan terrenos ácidos y otras más alcalinos, también varían en las necesidades de nutrientes. También difieren en las necesidades de agua o de riego: mientras algunas necesitan mucha humedad otras apenas requieren agua, algunas necesitan agua de lluvia y a otras les perjudica el agua demasiado alcalina. Tampoco son las mismas las plagas que pueden atacarlas con más frecuencia, hay que observar a cada una de ellas, para comprobar que están sanas.

Sí habéis tenido plantas habréis observado qué pasa si no se les cubre las necesidades de cada una de ellas. Pueden amarillear sus hojas, puede perder hojas, se puede empezar a pudrir, su desarrollo no es armonioso, se ven mustias y  pochas, etc.

Del mismo modo necesitan tener suficiente terreno para poder desarrollarse en todo su potencial. Sí una planta o árbol está en una maceta pequeña, se desarrollará menos que si le vamos dando espacio para crecer.

Esta última idea me vino a la cabeza hablando con una madre a la que en la escuela no han confiado  en la potencialidad de crecimiento, es decir, en la potencialidad de aprendizaje de su hijo. Cuando esto le pasa a una planta que ha estado en una maceta demasiado pequeña al trasplantarla se la ve agradecida, inicia un crecimiento rápido, se le nota el brillo en sus hojas, y se llena de brotes. Así se ve un alumno cuando confiamos en su potencialidad y le enseñamos de acuerdo a esa potencialidad. Su postura corporal cambia, se sienta y anda más erguido, se dibuja una sonrisa en su cara, incluso cambia su cara de color y su expresión. Cuando experimentas esto en un alumno, digo alumno porque el curso pasado fue un chico en el que observé estos cambios, (su madre vino a hablar conmigo y me dijo “hasta come de cuchara”, su cara también reflejaba el agradecimiento, conste que el merito es completamente del alumno, sólo necesitaba que lo mirasen, pues bien, es como cuando ves el nuevo brote, la nueva flor en tu planta, aunque, ni que decir tiene, que la alegría es mucho mayor.

Al igual que hay que observar y conocer cada planta, “escucharla” y saber qué necesita, así tenemos que conocer y escuchar a nuestro alumnado, saber qué necesita, cómo aprende y confiar en que va a desarrollarse para darle la maceta que necesita. Algunas plantas necesitan contención y no cambia a macetas muy grandes sino ir aumentando el tamaño poco a poco.

¿Qué pasa cuando no le proporcionamos una maceta acorde a su crecimiento? Ahí están los bonsáis. Viven porque se les da todo tipo de nutrientes y otros cuidados. Pero crecen poco y con formas enroscadas. Nunca he tenido un bonsái, me dan sensación de sufrimiento y  siempre me pareció cruel no dejarlo crecer.

En nuestras escuelas la mirada hacia nuestro alumnado es como una planta. Si la tenemos en una maceta pequeña, porque creemos que no puede crecer más, la planta, efectivamente, no puede desarrollarse en todo su potencial.

Con este mimo, cariño y cuidado que tratamos a nuestras plantas (las personas a las que nos gustan, claro está, (también he oído gente alardear de que se le mueren todas, pues dedícate a otra cosa), con esta cuidadosa observación con  que nos dedicamos a conocerlas, es el mismo que deberíamos dedicar a conocer y ayudar a crecer a nuestro alumnado.